sábado , noviembre 25 2017
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La hora del dios rojo

Título: La hora del dios rojo

Autor: Richard Crompton

Reseña hecha por: Alicia Ortego  @Alisetter

Hay países y zonas geográficas de las que no es fácil conseguir libros, ni tan siquiera novelas, más en castellano. Es el caso de África. Por eso agradezco tanto que Dora Sales, amiga y traductora de este libro, me lo recomendara. Dios rojo

Aproveché la Feria del Libro de Madrid para adquirirlo y lo reservé en la estantería hasta que llegaran las ansiadas vacaciones, para que me acompañara en las larguísimas horas de aeropuerto y ratos de relax. No me arrepentí en absoluto, aunque confieso que a veces te da un poco de no sé qué llevarte un libro del que no tienes referencias. Pero no, no fue el caso. Nada de lo que arrepentirse.

La hora del dios rojo es una novela policíaca cuyos hechos se desarrollan en el año 2007, en Nairobi. Hay un detective protagonista que investiga un crimen, como en toda novela policíaca que se precie, y una acción que te engancha a la historia. Pero lo bueno de este libro, más allá de que esté bien escrito (y traducido, je, je), es que habla de muchísimo más.

Richard Crompton, reportero inglés de la BBC que lleva viviendo 10 años en esta ciudad, nos cuenta la historia de un detective Masai. Así encuentra la excusa perfecta para hablar de la situación de este pueblo en Kenia, y más en concreto de cómo llegan a la ciudad, se establecen, dónde acaban unos y otros, cuáles son sus límites, cómo les tratan otros como los Kikuyu (etnia mayoritaria y en el gobierno), la huida de la tradición por parte de los jóvenes que emigran, y un largo etcétera de detalles.

Además, los hechos suceden durante los momentos previos e inmediatamente posteriores a unas elecciones generales, las del año 2007, que son un hecho real, por cierto.

Y mira tú por dónde que en el mes de Agosto de 2017, leyendo esta novela, viajé a ese país y me encontré con un nuevo proceso electoral que coincide plenamente con lo que leo. Sí, resulta que la situación es casi la misma diez años después: un candidato de la etnia Luo, un pueblo que habita junto al Lago Victoria y que es desfavorecido por ser opositor del gobierno Kikuyu, se presenta a las elecciones y es un firme competidor del Presidente de ese momento.

Con “desfavorecido” quiero decir que el gobierno central no invierte un duro en las poblaciones de mayoría Luo, y que los beneficios económicos de la corrupción no llegan a los líderes locales que no apoyaron en su día al candidato. Y si ese dinero no llega, nada llega a la gente de la calle. Ni las migajas.

Tal y como lo escribe Crompton así me cuentan allí, diez años después, que están pasando las cosas. Es decir, los Luo llevan 10 años como mínimo (en realidad muchísimos más) olvidados en las políticas e inversiones de su gobierno. Una etnia que además es luchadora y combativa. Que no duda en salir a la calle para protestar y reclamar sus derechos. Por eso son capaces de generar líderes que se presentan a las elecciones y que representan las ganas de cambio. Teniendo en cuenta que este no es el único pueblo que quiere dejar de ver a los Kikuyu detentando el poder, logran superar en las encuestas preelectorales al candidato de turno. En 2017, el presidente Kenyatta, hijo del famoso gobernante de los años 60 considerado padre de la patria. Aún hoy en día mucha gente cambia el gentilicio de los habitantes de Kenia, que es kenianos, por el de este apellido: keniata.    

El caso es que las viejas rivalidades entre tribus siguen sustentando los caminos de la corrupción y el enriquecimiento de unos pocos. Siguen marcando el destino de los gobiernos. Y de todo ello depende que la población de a pie pueda disfrutar de una prosperidad económica y vital algo mayor, incluyendo escuelas y asistencia sanitaria. Lo básico, vamos.

Es cierto que son países de fronteras artificiales. Es cierto que el colonialismo les enseñó una cultura de corrupción difícil de cambiar hoy en día.  Incluso los que piden el cambio cada vez que hay elecciones “democráticas” parece que aspiran a que la tortilla dé la vuelta, pero sin cambiar la receta. Y sí, no tienen la culpa de que su futuro fuera marcado así por las potencias foráneas que además siguen dirigiendo los hilos del Poder a través de la economía. Pero también es cierto que quizá podrían ponerse a trabajar en cambiar las cosas. Al menos desde nuestro punto de vista, claro.

De momento, cada vez que hay elecciones en Kenia, como pude ver por mí misma, unos y otros salen a la calle, se montan disturbios en poco tiempo y acaba habiendo muertos. La base de dichos disturbios es la acusación de fraude electoral que el principal opositor hace al gobierno en funciones.

En las del 2007, los muertos fueron varios centenares. En las del 2017 no lo sé aún… los primeros días unas decenas, pero el caso ya ha desaparecido de la prensa de aquí. Y sí, han ganado los Kikuyu de nuevo.

Poco más puedes pedir a una novela policíaca que te acerca a la realidad contemporánea de un país lejano y fascinante como es Kenia, donde hay mucho más que parques nacionales para hacer safaris fotográficos (sin desmerecerlos, claro).

Por cierto, se avecina una segunda novela con el inspector masai Mollel como protagonista 🙂

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Un comentario

  1. Gracias, Ali 😉 La segunda novela protagonizada por Mollel ya está publicada: Las puertas del infierno. ¡Viva el viaje y las lecturas que nos hacen viajar! besos

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